divendres, 29 d’abril de 2011

Nevermore - cap 5

Capítulo V - Una nota de advertencia

—Oye, papá, ¿qué hora es?


Isobel se preguntó si su grupo todavía podría estar en Double Trouble.


—Las tres pasadas—Dijo su padre conduciendo el sedán hasta detenerse en una intersección.


— ¿Por qué?


—Sólo preguntaba. — Ella se encogió de hombros.


—No dices nada de mi corte de pelo —Dijo, levantando una mano del volante para acicalarse los rizos imaginarios en la parte posterior de su cabeza.


Isobel trató de evitar una sonrisa mientras ella miraba el corte. Le quedaba bien mejor que su peinado habitual, Isobel a menudo le parecía un vagabundo.


Isobel no había heredado de su padre el pelo rizado castaño oscuro, casi negro, al igual que Danny, ella tenía el pelo fino y liso.


—Oh, sí. Encantador—Le dijo.


Él la miraba con una sonrisa tonta, hasta que dijo: —Luz verde. —Luego miró de nuevo al volante.


—Estás muy triste hoy —Observó como giraba hacia el oeste, hacia su barrio.


— ¿Te pasa algo con Brad? — Preguntó.


—No—Dijo ella, luego pensó mejor dejarlo así. —Brad y yo sólo queríamos pasar el rato por separado este fin de semana. Eso es todo.


A su padre le gustaba Brad, ya que podían hablar de deportes, Danny no era muy deportista.
Su madre y a su padre no habían estado demasiado entusiasmados cuando había empezado con Brad al inicio del tercer año. Su madre le había dicho que tenía que pensar en la universidad. El único problema era que Isobel no estaba segura de donde iba ir. Sin embargo, era un tema que no quería tocar.


—Ya veo. Después de un rato, le preguntó: —Entonces, ¿de qué trata el trabajo?


—Poe. -Suspiró.


— ¿Poe? El Edgar Allan del cuervo, nunca más.


—Ese es —Dijo. Cogió uno de los libros de su regazo y unas hojas buscando una imagen. Ella encontró una de las más grandes (todas parecían iguales para ella) y se lo enseño.


Le dio una rápida mirada para volver a mirar la carretera justo antes de entrar en el camino de entrada de su casa y aparcar el coche, se volvió en su asiento para mirarla directamente. Levantó una ceja.


—La próxima vez, tal vez yo debería dejar que mi cabello crezca de esa manera. — Él inclinó la cabeza hacia un lado, esperando una respuesta. — ¿Qué pasa con el bigote? — Él pasó un dedo índice sobre la parte superior de su labio. — ¿Qué te parece?


Ella sonrió ante imagen, no había esperado que la hiciera reír. Se imaginó a su padre con pelos de loco y un bigote pequeño y fino. Se parecería más a Charlie Chaplin que a Poe.
Una sonrisa victoriosa salió de su boca.




Isobel cerró su casillero.


— ¡Ah! —Gritó ella, su cuaderno cayó al suelo.


Varen estuvo justo detrás de la puerta de su casillero mientras había permanecido abierta. Su mirada era tranquila al punto de parecer vacía, se quedó con la mirada fija, directa a través de ella.


— ¡No vuelvas hacer eso! —Dijo ella.


No dijo nada, se quedó allí mirándola, como si hubiera desaparecido de repente o fuera transparente. — ¿Qué? — Exigió ella.


Se movió hacia ella e Isobel pensó en gritarle furiosamente allí delante de todo el pasillo, que parecía estar interpretando una escena del Amanecer de los Muertos.


Fue entonces cuando sintió la mano, aún fría por la mañana, coger la de ella.


Isobel se quedo sin aliento, abrió mucho los ojos.


¿Qué pensaba que estaba haciendo? ¿Qué pasa si alguien los veía?


Apretó algo en la palma de su mano. Sus dedos se cerraron para asegurarlo y por un breve momento permaneció así.


Luego el siguió adelante, y ella se giró para mirarlo fijamente, frotando con su pulgar el papel doblado.


Ella apretó el papel en la mano mientras observaba su espalda, llevaba una chaqueta de color verde militar. En un parche de tela blanca cosido en la chaqueta había una silueta de un pájaro muerto tendido de espalda con sus patas hacia arriba.


Se acercó al grupo de góticos, de pie delante del radiador de la ventana, levantó una mano para tocar el hombro de una chica morena. Ésta se dio la vuelta, sonriéndole sensualmente con sus labios pintados de negro. Le dio un sobre rojo a Varen.


En el pasillo lleno de gente Isobel se sintió como si estuviera dentro de un fotograma a cámara lenta.


Ella miro cautelosamente alrededor para ver si alguien se había dado cuenta, a continuación, casualmente fingió que se había olvidado algo en su taquilla y volvió a abrirla. Se volvió y se inclinó, desplegando el pedazo de papel en el interior del espacio oscuro.
[i]
“Saben que mentiste”.[/i]


En un primer momento Isobel no estaba segura de lo que significaba. ¿Cuándo había mentido y a quién? ¿Cómo iba saberlo? Ese pensamiento, en particular, hizo que sintiera un escalofrío en su espina dorsal y hormigueo en los hombros. Tal vez Nikki tenía razón.


En el momento justo, Nikki pasó.


—Hola Nikki. Espera —Dijo Isobel, tardando un momento en doblar la nota misteriosa y meterla en el bolsillo de la chaqueta azul colgada en su taquilla. Se preocuparía por eso más tarde y cerró la puerta pulsando la combinación.


Cuando se dio la vuelta Nikki se había ido.


¿Acaso no la había oído?


Parecía poco probable ya que había pasado bastante cerca .Algo debía estar pasando.
Tuvo una sensación desagradable, sintió algo en el estómago cuando Isobel comenzó a reconstruir los acontecimientos de esa mañana juntos. De repente se dio cuenta exactamente de lo que quería decir la nota.


Con su bandeja de comida en la mano, el corazón de Isobel golpeó el pecho mientras se acercaba a su lugar habitual, una mesa cerca de la larga pared de grandes ventanales con vistas al patio.


—Aquí viene—Oyó susurrar a Alyssa. En respuesta, todos se callaron en la mesa. Nikki se miró las uñas. Mark estaba echando ketchup a su perrito. Alyssa se puso a mirar los mensajes de su móvil y Stevie de repente se distrajo mirando por la ventana a un grupo de palomas en el patio. Brad se quedo allí sentado, sin mirar a ninguna parte. Él frunció los labios.


Isobel apretó los lados de la bandeja en un esfuerzo constante para mantener la calma. Estos eran sus amigos. ¿Por qué estaba tan preocupada?
El único que levantó la vista cuando llegó a la mesa fue Brad. Él la miraba descaradamente con sus ojos azules cuando se sentó en el banco enfrente de él. Nikki resopló y se movió para dejar espacio, concentrándose en su bandeja.


Nadie dijo nada.


Actúa normal, pensó. Sólo actúa normal.


Brad le dio un trago a su Coca-Cola. Mirándola, dijo: —Así que. . .


Isobel no se rió y lo miró a los ojos, no le gustaba su tono demasiado casual.


—Mark y yo nos preguntamos que dado que tú y yo vamos al mismo dentista. . . ¿Desde cuándo el Dr. Morton pasa consulta los sábados?


—Sí—Intervino Mark desde el otro extremo de la mesa, cogiendo un bollo de maíz. —Sólo por curiosidad.


Isobel respiró hondo y se concentró en Brad, suplicándole con sus ojos que detuviera esto antes de que empezara hablar. Solo quería que la comida transcurriera normal.


No iba hacerlo.


Todos estaban riéndose por lo bajo y hablando del próximo partido del viernes contra Ackerman.


Él apartó la mirada de ella, mordiendo su hamburguesa con desgana.


—Tienes algo que decirme —Dijo Isobel, abriendo un paquete de ketchup. Tal vez no fuera algo muy grave.


— ¿Así que nos mentiste? — Dijo Nikki, posando el tenedor en su bandeja de manera brusca. Pero el sonido se perdió en el ruido circundante de la cafetería.


Isobel miró su comida, perdió el apetito por la culpa, sintió náuseas. No sabía que decir, ella echó el ketchup por encima de su hamburguesa, todavía se aferraba a la esperanza de que todo se olvidara. Ayer por teléfono, Nikki había actuado como si ella hubiera sabido que Isobel le había mentido, ¿no? Así que ¿por qué le importa ahora?


Cuando ella no podía pensar en otra cosa no incriminatoria que decir, Isobel trató de encogerse de hombros. Se dio cuenta rápidamente, sin embargo, que Nikki hizo — ¡Tch! —Mostrando que eso era una respuesta equivocada.
Nikki se puso de pie, recogió su bandeja. —Algo huele mal aquí, voy a cambiarme.
Y con eso, sus largas piernas caminaron hacia una mesa apartada, no ocupada, en la esquina. Nadie trato de detenerla, menos ella.


Sin levantar la vista, sintió el movimiento en la mesa de nuevo cuando alguien se puso de pie. Ella sabía que era Mark, se iría a unirse a Nikki, sin duda.
Alyssa fue la siguiente y finalmente incluso Stevie se levantó tosiendo.


Ahora sólo quedaban ella y Brad.


— ¿Dónde estabas tú de verdad? — Le preguntó después de un largo momento, poniendo fin al silencio incómodo que se había extendido entre ellos. Él había pedido en forma suave y razonable que lo contara todo y aún podría ser perdonada.


—Yo no te lo puedo decir, porque te enfadaras.


—Entonces, eso es probablemente una buena señal de que deberías decírmelo —Dijo con paciencia tensa.


Había estado bateando a ciegas desde el viernes pasado y ahora ella golpeaba fuera de primera.


Una punzada aguda comenzó detrás de los ojos. Ella no debería tener que poner excusas a su novio por estar haciendo un trabajo. Isobel movió un dedo para limpiar una lágrima antes de que pudiera verse. Pensó que todo el mundo en la cafetería le estaba observando. El pensamiento hizo arder su cara, y ella trató de protegerse los ojos con una mano.


Entonces, antes de que pudiera reunir la fuerza para responder, Brad se levantó de la mesa, cogiendo su bandeja y alejándose hacia los demás, dejándola completamente sola.
Isobel sintió que un pinchazo cuando intentó respirar. Ella no había comido sola el almuerzo desde quinto grado, cuando todo el mundo se había enterado de que su madre le había hecho lavarse el pelo con mayonesa.


Las lágrimas salieron libremente ahora, hasta el punto de que estaba segura de que se le estaba corriendo el rímel. Se quedo sentada allí, protegiéndose la cara con una mano y tratando de disimular metiendo un tenedor en la ensalada, manteniendo las apariencias.
Todo se volvió borroso a través de las lágrimas, pero ella todavía pudo ver el par de botas negras que se detuvieron junto a su mesa.


¡Oh, Dios!, pensó. Cualquier cosa menos esto.


—Por favor—murmuró a su hamburguesa, su voz no fue más que un susurro chillón —No hagas esto.


—Está muerto —Dijo. —No creo que te pueda oír.


—Estás empeorando las cosas — Dijo entre dientes y mantuvo la mirada oculta al resto de la cafetería, ella ladeó la cabeza para mirarlo.


—Esa es una buena mirada —Dijo.


Isobel no tuvo que mirar en dirección al grupo para saber que estaban mirando. Podía sentir la mirada de Brad en ellos. Y si no había sido capaz de adivinar donde había estado ella el sábado, sin duda ahora lo sabía. ¿Era tonto? Brad podría barrer el patio con él.


—Él te va a matar.


—No puede —Dijo. —Ya he muerto. ¿Te acuerdas?


—Escoges un mal momento para gastar una broma. —Ella le espetó, mirando hacia abajo.


— ¿Cuándo quedamos de nuevo para hacer el trabajo?


¿De dónde había salido? ¿No se daba cuenta?


—Vete. Ya veremos.


— ¿Y después de la escuela?


—Tengo entrenamiento.


Fue gracioso como podía decirle la verdad a él y mentir a sus amigos.


— ¿Así que tendré que hacerlo solo? —Preguntó fríamente sin alterarse.


—El Sr. Swanson te dará una nueva pareja. Vete.


Y para su sorpresa, así lo hizo.

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