diumenge, 27 de març del 2011

Ghostgirl 3 - Lovesick - Capitulo 22



Capítulo XXII.- Mujer fatal

Una vida feliz se pasa entregado al aprendizaje, el trabajo y la añoranza.
-Lillian Gish
*-*-*
En zona prohibida.
Nos gusta pensar que hay cosas que jamás haríamos. Principios que nos dictamos para que nos guíen por el camino, incluso en los tramos más arduos. No obstante, y dependiendo de lo que esté en juego, es posible que nos descubramos pensando y actuando de una forma que jamás habríamos imaginado ser capaces. Resulta muy sencillo trazar una línea en la arena, pero a veces cuesta encontrarla cuando el viento empieza a soplar.<
*-*-*
—Se acabó el recreo —dijo Prue mirando de reojo la fila que empezaba a formarse ante el espacio habilitado para el fotógrafo. Charlotte no había recuperado el resuello cuando pasó junto a las suntuosas mesas, cada una de ellas adornada con una elaborada urna de cremación a modo de candelabro, rebosante de flores y con etiquetas identificativas doradas prendidas de la base con los nombre de los comensales. El cámara iba de acá para allá grabando a las parejas para sus «panegíricos» YouTube, que aparecerían colgados en la página web del instituto antes de ser archivados para ser reproducidos de nuevo en futuros reencuentros.

—Todos quieren que los recuerden —suspiró Charlotte mientras se situaba detrás de Prue.

El trío se abrió camino hasta la fila donde los invitados aguardaban ansiosos a que les tomaran fotos. Damen se había comprometido a hacerse la foto con Darcy, figurándose que ésta quería alguna clase de prueba verificable del evento, pero él se sentía ansioso por cruzarse con Scarlet. No estaba seguro aún de si acudiría al baile, pero, de ser así, había oído que vendría acompañada por un tipo que nadie conocía ni había visto antes. Tenía que ser Scarlet la que tuviera a todo el mundo intrigado.

—Mejor será que esto funcione —dijo Pam, deseando que el tiro no les saliera por la culata, tal y como últimamente había ocurrido con los demás.

—Lo dices por lo de irnos de rositas después de liquidar a una persona en una habitación repleta de gente —se burló Prue—. Pues sí, más nos vale.

Aunque el plan era de Charlotte, ni ella misma se podía creer que estuviesen realmente preparando un asesinato.

Habían pensado en todas las formas posibles de «borrarla del mapa» y repasando los métodos a los que otros adolescentes habían recurrido antaño: intentar embutirse en un vestido de la talla treinta y seis cuando la tuya era la cuarenta, que te atropellara una limusina, hacer surf en el metro, caerse del escenario durante la gran marcha, además del clásico choque anafiláctico causado por una alergia al corpiño. Sin embargo, ninguno de ellos funcionaría en el caso de Darcy. A decir verdad, se trataba de un asunto de lo más siniestro, pero Charlotte no dejaba de repetirse a sí misma que podía considerarse un caso de defensa propia, y que, de salir bien, sería reversible. O al menos eso esperaba.

—Llegó el momento de ejecutar —dijo Charlotte con un juego de palabras no intencionado.

—¡Siguiente! —iba diciendo el heavy de pelo grasiento recogido en una coleta y raído esmoquin azul pálido, según iba tomando fotos de las parejas. Para ellas, éste era el momento más trascendental de la noche, la parte que llevarían en sus carteras, que enmarcarían para sus p adres, que ocultarían de futuras esposas o maridos en los años venideros, pero para él no era más que rutina.

Charlotte echó un vistazo a su alrededor para comprobar dónde estaban todos, pero Petula no había dado señales de vida todavía. Su ausencia, nada menos que en el Baile de Graduación, era muy desasosegante. Necesitaba su reconfortante presencia para lo que estaba a punto de acaecer. Para ella, era como coincidir en un vuelo con un famoso. Le daba la sensación de que el avión, o en el caso que nos ocupa, el plan, no acabaría estrellándose estrepitosamente.

—¡Todo el mundo a sus puesto! —ordenó Charlotte, ladrando como un director de escena por desconocer el argot de los gánsteres.

La fila avanzaba rápido, y Damen y Darcy eran los siguientes. Prue, Pam y Charlotte ocuparon sus posiciones: Pam detrás de Damen, Prue detrás de Darcy y Charlotte detrás del fotógrafo.

—Hola —saludó Darcy con un arrullo, trabajándose al fotógrafo para conseguir unas cuantas fotos extra.

El fotógrafo procedió entonces a recitarles las normas y descargo de responsabilidades pertinentes, como hacía con cada pareja, mientras Damen y Darcy se colocaban para ser inmortalizados.

—La fotografía se os enviará en formato de necrológica, así que tendréis que rellenar uno de esos formularios de ahí para redactar el obituario de los dos como pareja, y hoy recibiréis un resguardo a modo de tarjetón rogando «una oración por vuestra alma» con vuestra fotografía impresa. Guardadlo bien porque lo necesitaréis para reclamar la necrológica cuando esté lista.

—Juntos por siempre —dijo Darcy.

Justo en ese momento, entró en escena Scarlet, que iba cubierta de la cabeza a los pies por un larguísimo abrigo vintage de pieles sintéticas color claro, con Eric a su lado, invisible claro está para todos los presentes salvo Pam, Prue y Charlotte. Scarlet se detuvo para contemplar la escena surrealista que se desplegaba ante sus ojos, y tan concentrada estaba en Damen que ni siquiera reaccionó a la presencia de Charlotte junto al trípode.

Damen, al parecer muy incómodo, se puso todo colorado. Toda aquella historia de la fiesta conmemorativa le estaba poniendo de los nervios. Él no deseaba que le recordasen de esa guisa, posando como un recorte de cartón junto a una chica ensimismada que no significaba nada para él. Si aquél era el plan de su vida, más le hubiese valido seguir con Petula. Damen fijó su mirada perdida en Scarlet mientras Darcy esbozaba una sonrisa de victoria.

—No te distraigas —le dijo Eric a Scarlet con un codazo, tratando de consolarla y de mantenerla con los pies en la tierra mientras se la llevaba hacia el gimnasio.

Charlotte, entre tanto, parecía haber visto a un fantasma, y así era, claro está.

Scarlet avanzó un poco más, pero Eric se quedó rezagado, mirando a Charlotte.

—No te distraigas —le repitió Prue a Charlotte, la cual estaba muy afectada por lo de Eric y por lo mucho que estaba haciendo sufrir a Scarlet—. Lo primero es lo primero.

El fotógrafo jugueteó con el objetivo y los enmarcó en su pantalla, proceso que se les antojó una eternidad a las angelicales asesinas. Y entonces, por fin, llegó el momento.

Push it good —cantó Prue con maldad mientras Darcy y Damen posaban delante del fondo falso—. Push it real good.

—Perfecto, y ahora, a la de tres… —dijo.

Mientras él contaba, Prue, Pam y Charlotte contaron a su vez.

—Decid patata —se burló Prue, ofreciendo a sus amigas, para tranquilizarlas, un gesto de asentimiento como queriendo decir «podemos hacerlo».

—A la de una, a la de dos y a la de… ¡tres!

A la de tres, Pam echó a Damen de la plataforma de un empujón a fin de que nadie pudiera acusarle de ningún acto criminal. Prue sujetó a Darcy justo delante del objetivo, mientras Charlotte se ocupaba de que el fotógrafo no pudiera despegar el dedo del disparados de la cámara, creando un destello de flash casi continuo. La luz era cegadora.

De pronto, Darcy se desplomó y empezó a sacudirse sin control sobre el suelo, pero Charlotte no liberó el dedo del fotógrafo del disparador, prolongando así el cegador ataque a fin de que nadie pudiese ver lo que estaba ocurriendo.

La sala estalló entonces en un frenético ir y venir de alumnos y acompañantes adultos que corrían hacia el puesto fotográfico para ver qué ocurría y de qué forma podían ayudar. El recuerdo de Petula desmayándose en su coche hizo sonar todas las alarmas en la mente de Josh, que no se lo pensó dos veces y decidió dejar tirada a Wendy. Presa del pánico, se fue retirando del lugar muy despacio, temiendo que pudiesen culparle de la caída de otra tía buena de Hawthorne High.

—¡Tumbada! —gritó Pam.

—Tumbada… —Charlotte hizo una pausa previendo el resultado que esperaba— y fuera de combate.

Una figura emergió de entre los destellos y Charlotte liberó el botón, a la vez que el aire se impregnaba de una peste sulfurosa que bien podía proceder de la bombilla quemada o de la repentina llegada. Comoquiera que fuese, le concedía un nuevo sentido a la palabra cagafiestas.

—Maddy —murmuró Charlotte.

Sabían que era muy probable que fuese ella la que se presentase, pero verla una vez más, allí delante de sus ojos, resultaba algo chocante, cuando menos. Allí estaba, plantada sobre el cuerpo de Darcy con una sonrisita, que clamaba un bofetón. No había cambiado ni una gota. Llevaba el pelo encrespado y todavía lucía su look bohemio pijo: un vestido largo de finísimos tirantes estampado de florecitas, algunas pulseras y pendientes colgantes largos.

—¡Que empiece la fiesta! —anunció Maddy, pero su arrogancia le duró más bien poco, pues acto seguido sintió cómo tiraban de ella—. Pero ¿qué…?

—Nos volvemos a ver —dijo Charlotte, arrojándole a la cara las palabras con las que Maddy se despidiera de ella en su último encuentro.

—De momento, todo bien —sonrió Pam mientras ella y Prue sujetaban a Maddy con fuerza.

Las tres desaparecieron un instante después.

—¡Traed el desfibrilador! —gritó Damen a la multitud agolpada en torno a ello mientras se inclinaba sobre Darcy.

—¿Qué desfibrilador? —contestó a gritos Marianne, la siempre concienzuda presidenta del consejo de estudiantes—. ¡Usamos los fondos para esas tubas nuevas! ¡La próxima recaudación de fondos no está programada hasta el año que viene!

Comoquiera que no había otra alternativa, Damen inició el masaje cardiaco. No le gustaba nada aquella chica, pero tampoco la iba a dejar morir. Scarlet observaba desde uno de los lados cómo él intentaba salvar a su rival, apoyándole orgullosa, aunque también sin quitarle un ojo de encima a dónde ponía las manos. No podía evitarlo.

—Esto se está alargando demasiado —dijo Charlotte, desesperada—. Tenemos que traerla de vuelta ya.

—Si es que la final se muere —le susurró Wendy Anderson a Wendy Thomas, mientras ambas sopesaban la decoración—, no podía haber escogido un lugar mejor.

Charlotte no sabía qué hacer, y casi por acto reflejo pronunció el nombre de su novio.

—Eric —gritó Charlotte—. ¡Ayúdanos, por favor!

Eric respondió en el acto al ruego de Charlotte, situó su mano derecha, con la que rasgueaba la guitarra, sobre el pecho de Darcy, y después atravesó con ella su caja torácica para acceder al corazón.

Una intensa luz, que la multitud confundió con el destello del errante del flash de una cámara, explotó y restalló sobre la escena, y Damen salió impulsado levemente hacia atrás por una sacudida que le recorrió el cuerpo entero. Y a juzgar por la forma en que el torso de Darcy se arqueó de pronto, lo mismo le pasó a ella.

—Por algo me llaman Electric Eric, qué te crees —le dijo Eric a Charlotte muy orgulloso.

—Siempre he dicho que tenías unas muy buenas manos —respondió ella, agradecida.

Todos los ojos estaban posados en Darcy cuando ésta se despertó. Bueno, todos menos los de las Wendys. Estaban que se subían por las paredes por la forma en que Darcy había acaparado toda la atención para sí, robándosela a ellas. El fotógrafo oficial se había transformado en reportero gráfico, así, de pronto, y estaba documentando el colapso casi fatal de Darcy. Ahora que volvían a destellar las luces de los flashes, las Wendys analizaron a toda velocidad costes y beneficios y se arrodillaron a su lado con afectada sinceridad, con la esperanza de arañar un poco de publicidad de tan aciaga velada.

—¿Dónde estoy? —preguntó Darcy, que seguía muy confusa.

—Estás en el Baile de Graduación de Hawthorne High —informó Wendy Anderson, con una dulzura que nadie le había escuchado utilizar jamás en público.

—Con nosotras —recalcó Wendy Thomas, escudriñando la multitud en busca de representantes de los medios locales mientras tomaba a Darcy de unos de los brazos y la incorporaba muy despacio hasta dejarla sentada, para ofrecer una buena instantánea de grupo.

—Y vosotras, ¿quiénes sois? —preguntó la joven.

Un grito ahogado brotó de la multitud, y las dos Wendys mortificadas, la dejaron caer. Damen las apartó a ambas de en medio y ayudó a Darcy, que en la caída había dado con la cabeza en el suelo, a incorporarse de nuevo. Percibió al instante que había algo diferente en ella.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí, sólo que no consigo recordar qué ha pasado —dijo Darcy, ya espabilada del todo e incapaz de ver a ninguno de los muertos—. Ha sido tan extraño —prosiguió—. Hace un momento estaba hablando con unas personas y ahora ¿ya no están?

—Sí que es raro —dijo Damen, buscando entre la multitud a alguien a quien conocía y no podía ver—, rarísimo.

—Me encanta esa canción —dijo Darcy a bote pronto.

—Gracias; es de una recopilación mía —dijo Damen, que advirtió que cabía la posibilidad de que Darcy se pareciese a Scarlet algo más de lo que había pensado en un principio—. Deberías quedarte. Va a mejor.

—La verdad es que no me van los bailes de graduación, que digamos —confesó Darcy—, pero gracias de todas formas.

Damen se limitó a sonreír a Darcy, consciente de que su intuición no le había engañado. Ella y Scarlet podrían incluso haber llegado a ser amigas en otras circunstancias. Pero quizás fuese mejor que no se quedara. Parecía que tenía un montón de preguntas a la que dar respuesta.

Aguardó unos minutos más hasta que llegó el técnico de emergencias sanitarias, la acompañó hasta la ambulancia y regresó a la cabina del pinchadiscos mientras la multitud se dispersaba.

—Me tengo que ir —le dijo Eric a Charlotte—. Tengo que hacer una cosa.

La realidad golpeó a Charlotte como una tonelada de ladrillos. Él estaba allí con Scarlet, no con ella.

—Sí, yo también tengo que hacer una cosa —dijo apesadumbrada.
*   
Cuando Charlotte llegó a la oficina de recepción se encontró con que hacía ya rato que se habían tomado cartas en tan fantasmagórico asunto.

—Soltadme —siseó Maddy, a la que Mary, Beth y Sally tenían inmovilizada en el suelo—. ¿Dónde estoy?

—Dónde estés es lo de menos —escupió Prue con aire misterioso—, lo que importa es adónde vas.

—No podéis retenerme aquí —insistió Maddy, que no dejaba de retorcerse.

—Claro que podemos —dijo Pam—. No tienes elección.

Charlotte pasó al interior y se plantó delante de Maddy.

—Darcy acaba de morir en el instituto —explicó Charlotte—. Contigo dentro de ella.

—¿Y eso qué significa? —dijo Maddy con voz desafiante.

—Significa —dijo Charlotte, tajante—Muertología.

Maddy se la había saltado la primera vez, pero qué duda cabe que la perspectiva de asistir a las clases la intrigaba. Ya fuese porque le ofrecía la oportunidad de limpiar su hoja de servicios o la de corromper a un clase entera de chicos nuevos, ni ella misma estaba segura.

—Las normas son las normas —se carcajeó Pam, con un levísimo tono vengativo en la voz.

—Es hora de que sometas tu alma a rehabilitación, chata —añadió Prue con una siniestra risotada.

Maddy se apaciguó y las chicas la dejaron levantarse.

Después abandonó la oficina acompañada de Beth, Mary y Sally, dispuesta a iniciar su viaje y emprender sus estudios superiores de la otra vida.

—Supongo que ya os habéis dado cuenta de que no tiene solución —comentó Prue a Charlotte y Pam.

—Mira quién fue a hablar —dijo Charlotte—. Sea como sea, el caso es que al menos la hemos sacado de nuestro mundo por un tiempo.

—No se puede cambiar el mundo de la noche a la mañana —proclamó Pam.

—Pero puede que sí poco a poco —le dijo Charlotte a sus amigas—. Y ahora, si no hay nada más, me gustaría irme… al Baile de Graduación.

Ghostgirl 3 - Lovesick - Capitulo 21



Capítulo XXI.- Charlotte, A veces.

Sea lo que sea que este mundo pueda darme,
eres tú, tú lo único que veo.
-Queen
*-*-*
Amo odiarte.
Nuestra forma de entender la popularidad no puede ser más tergiversada. La imaginamos como un reducido y exclusivo círculo de personas a las que idolatramos o envidiamos. Pero casi todas las personas populares son odiadas por la mayoría. Así, si eres objeto del desprecio de cuantos quedan fuera de tu camarilla, y sólo gustas a los que pertenecen a ella, entonces es evidente que gozas de una impopularidad pasmosa, se mire por donde se mire. La clave para alcanzar la popularidad plena no reside en ser amado o envidiado por el mayor número posible de personas, sino más bien en ser amado o envidiado por las personas adecuadas. Petula sabía esto por instinto.
*-*-*
La noche no podía haber sido más perfecta conforme se fue apeando todo el mundo en Hawthorne High, vestidos para impresionar. Por doquier flotaban los chismes sobre quién se había presentado con quién, quién vestía el qué, y sobre quiénes eran los mejor y peor vestidos. Los comentarios resultaban tan brutales que habrían sacado los colores al más mordaz de los blogueros de Hollywood. Se trataba de la noche de las despedidas, de decir adiós a los compañeros y a los confines del instituto. La libertad quedaba tan cerca que se podía saborear.

Damen ya estaba instalado y en faena en la cabina del pinchadiscos, sacudiendo las gradas al ritmo de su música al tiempo que iban llegando los alumnos de último curso. Las Wendys hicieron su entrada a lo grande, como siempre, esta vez en una limusina Ferrari Moderna de seis metros con puertas de ala de gaviota y todo. Lo suyo no fue una salida sino más bien una revelación cuando las puertas del coche se abrieron verticalmente.

Al apearse enfundadas en sus imponentes modelitos, la pareja se aseguró de que sus acompañantes permanecían tres pasos por detrás de ellas y fuera de marco antes de posar para los fotógrafos. Las Wendys adoptaban su pose y luego sacudían la cabeza de derecha a izquierda con abrupta precisión, deteniéndose mientras posaban para cada fotógrafo y, literalmente, presentaban sus mejores gestos. Wendy Anderson lucía un vestido de noche blanco, con un ajustado corpiño de pedrería, y Wendy Thomas llevaba un modelo supersexy de color verde, con la espalda descubierta y falda hasta el suelo, adquirido en una exclusiva boutique de la ciudad.

Como dos monstruos de la moda, se habían lanzado sin piedad a la cacería del vestido, embaucando a casi la práctica total de los dueños de las tiendas y diseñadores locales que encontraron para que les consiguieran piezas únicas que ellas se pudieran probar. Todos cooperaron, aunque muy a su pesar, conscientes de que, con Petula fuera de combate, contar con las Wendys para que luciesen uno de sus vestidos les proporcionaría el impulso a las ventas que necesitaban.

Comparados con los vestidos, los acompañantes ocupaban un segundo plano, en definitiva no eran más que meros accesorios. Wendy Anderson iba escoltada por el capitán del equipo de futbol americano, cómo no, y Wendy Thomas acudió con el quarterback de Gorey High, Josh Valence. Josh era el tipo que había dejado a Petula tirada como un saco de patatas y en coma, literalmente. De hecho, había sido idea de Darcy que Wendy Thomas lo trajera, aun cuando reconocía no conocerle demasiado bien. Era otro insulto más que sumar a la ya agraviada Petula.

—¿Qué es esto? —preguntó Wendy Thomas cuando pasaron al interior del vestíbulo y repararon en la enorme pancarta dispuesta cuan larga era sobre la entrada al gimnasio.

—¿Dónde está la pancarta de  “La Noche de Nuestra Vida”? —preguntó Wendy Anderson, encolerizada.

—La han cambiado —dijo Marianne con indiferencia mientras recogía sus entradas.

—¿Quién la ha cambiado? —preguntó Wendy Thomas apartando a su acompañante a un lado—. ¡”La Noche de Nuestra Vida” era el lema perfecto!

—¡Exigimos ver a tu supervisor! —añadió Wendy Anderson, tratando de echar un cable.

—Al parecer le ofrecieron escoger el lema a una chica en el último momento —dijo Marianne, que no quería que se notase que estaba al tanto de todo—. Había ganado un concurso de radio o no sé qué.

Wendy Anderson empezaba a abrigar una aciaga sospecha sobre quién era la chica a la que se refería, y fue cuestión de segundos lo que tardó Wendy Thomas en caer en el dato. Como es natural, no podían estar seguras, porque ellas sólo escuchaban emisoras de música pop.

—Nadie juega con nuestros recuerdos —amenazó Wendy Anderson.

—Pero es que no sois las únicas aquí —respondió Marianne con sensatez— que están fabricando recuerdos.

—¡Nosotras somos sus recuerdos! —dijo Wendy Thomas a la vez que apuntaba con su imperioso dedo índice, rematado con una uña acrílica, a las masas.
*-*-*
Charlotte, Prue y Pam se presentaron en el vestíbulo justo cuando las Wendys montaban el gran berrinche. Prue y Pam atribuyeron aquel comportamiento tan superinfantil a sus zumodietas depurativas prebaile y pasaron a ignorarlas, prefiriendo empaparse en su lugar de la emoción reinante.

Charlotte, entretanto, andaba perdida en sus pensamientos y no podía evitar sentirse algo triste. El Baile de Graduación era algo que esperaba desde pequeña. Nunca, ni en el peor de sus sueños, podría haberse imaginado que no viviría para verlo. Y ahora, allí estaba, justo ante sus ojos, y ella estaba… sola.

El Baile de Graduación era la primera parada en el camino hacia la madurez, si bien éste se había tornado en una calle sin salida. Todo eso lo tenía asumido, sí, pero lo que no podía asumir era el hecho de que Eric acompañase a su mejor amiga. Todo parecía tremendamente equivocado.

Pero Charlotte no iba a disponer de más tiempo para componer sus sentimientos, puesto que en ese momento Darcy hizo su aparición por la puerta, tan tarde como mandaba la tradición, claro está. Enfundada en un ceñidísimo palabra de honor rojo de lentejuelas que realzaba su cuerpo envidiable, se deslizó sinuosa por el vestíbulo encerado y fue a encontrarse con las Wendys. Tenían pensado hacer una entrada triunfal las tres juntas, una especie de debut oficial de su nuevo trío de poder para gran alborozo, estaban convencidas del personal.

Por desgracia, no había de ser así.

—Cambio de planes —anunció Darcy en tanto se alisaba los pequeños frunces de la cadera—. Me voy a la cabina del pinchadiscos.

—¿Necesitas apoyo? —preguntó Wendy Anderson, que se resistía a abandonar la luz de los focos—. La cosa puede ponerse bastante fea si andan por ahí Scarlet, o Petula incluso.

—Vosotros guardadme sitio en la mesa —atajó Darcy dejando muy claro quién era la estrella del momento—. Quiero entrar sola.

Las Wendys asintieron descontentas. Ni siquiera Petula en sus peores momentos las habría tratado tan mal en público, pensaron.

—Ese tío va a ser mío —dijo Darcy para sí al mismo tiempo que se recolocaba el relleno de su sujetador sin tirantes—, aunque sea lo último que haga.

—Lo será —prometió Charlotte—. Te lo garantizo.
*-*-*
Charlotte, Pam y Prue sabían que era colosal el cometido que se avecinaba, pero cuando ya se acercaban a las puertas del gimnasio se detuvieron, hicieron piña y se concedieron un momento de tregua. Aquél sería el único Baile de Graduación al que iba a asistir ninguna de ellas jamás. Era el sueño de cualquier chica, ellas incluidas, un sueño que hasta entonces nunca pensaron que se haría realidad.

Cualesquiera que fueran los altibajos del regreso, cualesquiera que fueran sus obligaciones para con los demás, el baile era un regalo para ellas, de todas formas. No tenían los bonitos corsés ni los carísimos vestidos que las otras chicas ostentaban, pero nadie podía superarlas en lo referente a sus acompañantes: pues se tenían unas a las otras.

—¿Estamos listas? —preguntó Pam cogiendo a Charlotte de la mano.

—Empieza el espectáculo —dijo Prue dando un paso hacia la puerta.

Charlotte se rezagó un instante, traicionada por los nervios. La sensación era casi la misma que cuando cruzaron al otro lado durante el Baile de Otoño, salvo que en la dirección opuesta. Se trataba de dos momentos muy emocionantes, pero prefería el escenario desconocido a éste, el cual se podía imaginar con demasiada facilidad… y dolor.

—Vosotras vais primero —dijo Charlotte.

—Nos vemos dentro, ¿vale? —dijo Pam con una leve sonrisa.

—Oye, no dejes que se te crucen los cables y acabes dejándonos tiradas —advirtió Prue—. Contamos contigo.

—Aquí el único con problemas de cables es Eric, ¿os acordáis? —Charlotte esbozó una sonrisa tipo estoy-a-punto-de-vomitar—. Enseguida voy.

Empezó a armarse de valor mientras Pam y Prue se adelantaban. No era la fantasía de baile que tenía en mente, ver a su novio con su mejor amiga, pero si las cosas se arreglaban entre Damen y Scarlet, y se conseguí detener a Darcy, todo habría merecido la pena.

No pudo evitar preguntarse si aquello era lo que Markov tenía planeado cuando los envió de regreso. Se trataba de superar pequeñas trabas, eso había dicho, pero este drama se desplegaba en una pantalla gigante en su imaginación.

Nada más entrar, Pam y Prue comprobaron, para gran sorpresa suya, que las Wendys estaban petrificadas en el mismo umbral y que contemplaban la sala con una mezcla de asombro y desagrado. No les hizo falta más que levantar la vista para adivinar la razón. Las sonrisas que se dibujaron en el rostro de ambas, estaban convencidas, no podrían competir con la de Charlotte cuando por fin se decidiera a entrar. Nunca podría haberse preparado para lo que estaba a punto de ver.

Mientras tanto, en el vestíbulo, Charlotte visualizó sus movimientos como una gimnasta olímpica a punto de realizar un salto, antes de decidirse por fin a entrar en el gimnasio. Cerró los ojos, contrajo los músculos y se encaminó muy tiesa hacia las puertas, deseando que Pam y Prue estuviesen al otro lado para “ubicarlas”.

Permaneció allí clavada, en silencio, mientras Pam y Prue la miraban risueñas, incapaz de hallar las palabras con las que describir la visión de una sala entera revestida de toda de las más exuberantes y hermosas flores: rosas rojas y lirios de agua color morado oscuro hasta donde alcanzaba la vista. Trepaban por las paredes y goteaban, como si lloraran, desde el techo entoldado y las lámparas de araña con velas allí instaladas temporalmente. Enormes estatuas de ángeles afligidos y esculturales se elevaban del suelo hasta el techo, desde donde sus miradas se cernían sobre la sala, las alas plegadas en actitud protectora y la cabeza inclinada con condescendencia. El gimnasio se había transformado en una especie de mágica versión de un cementerio de diseño y un funeraria de fantasía salidos de Architectural Digest.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Charlotte cuando por fin alcanzó a pronunciar unas sílabas coherentes.

—Sorpresa —dijo Prue con un susurro, sin poder hablar tampoco.

—Yo diría que es como un funeral de fantasía —dijo Pam señalando con un gesto hacia la pancarta de flores frescas que pendía algo más arriba.

Sobre su cabeza colgaba un vivo collage donde su nombre, “Charlotte ghostgirl Usher”, aparecía escrito con miles de rosas rojas, y al que completaban sus fechas de nacimiento y defunción. Resultaba profundamente conmovedor y de un surrealismo increíble, y hasta puede que incluso raro, ver a toda aquella gente dejándose el alma en la pista de baile y pasándoselo tan bien en la fiesta en su memoria. Pero no lo habría cambiado por nada.

—Un baile para morirse —gritó un grupo de chicos sin pareja chocando las manos en el aire, en un vano intento por llamar la atención de un grupo de chicas buenas sin acompañantes que bailaban junto a ellos.

—¿Un funeral sorpresa de fantasía? —articuló Charlotte en voz alta—. ¿Para mí?

—Yo diría que éste es el primer y único funeral sorpresa de la historia —dijo Pam, haciendo que Charlotte se sintiera más especial todavía.

—Aquí abajo hay alguien que te quiere —dijo Prue.

Charlotte se llevó la mano al pecho y se palpó en busca de algo que no estaba allí, pero que sin embargo podía sentir de pronto. Lo que Scarlet había creado era indescriptible. Imponente y elegante, como un cuento de hadas. O como un funeral de estado para una princesa amada; pero también era el Baile de Graduación, la noche más importante de la vida de un adolescente, y eso hacía que el sentimiento fuese más profundo si cabe, lo mejor de todo, advirtió Charlotte, era que todo giraba en torno a Emma: sus canciones, flores y colores preferidos.

Buena parte de los presentes había acudido de negro, como requería la temática, y Damen se encargó de oscurecer los ánimos, en el buen sentido, fundiendo el “Funeral Party” de The Cure en tanto que todo el mundo flotaba por la sala y celebraba con suma elegancia la vida y muerte de Charlotte. Parecían hermosas marionetas danzando coreografiadas al son de una triste sinfonía.

Sin embargo, no todos disfrutaban de la escena.

—¿Un baile de Graduación con temática fúnebre? —se quejó Wendy Anderson a la vez que estrellaba un puño contra la palma de la mano—. Te juro que ahora mismo podría matar a alguien.

—¿Aceptas sugerencias? —añadió Prue.

El Ocho [Katherine Neville]


Catherine Velis, una alta ejecutiva experta en ordenadores, se ve atrapada sin quererlo en la búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció al emperador Carlomagno. El campeón soviético de este juego, de gira por Nueva York, le advierte que corre un grave riesgo si se empeña en encontrar las piezas, pues en ellas reside la clave de una antigua fórmula ligada a la alquimia, la masonería y los poderes cósmicos.






Segunda parte de la mítica novela El ocho. Regresa Katherine Neville con un éxito seguro en su recámara.
Si hace 20 años se empezó una partida, que terminó como ya sabéis, ahora se empieza a jugar de nuevo. La adicción de la lectura de esta novela está más que asegurada y será imposible que la dejes a un lado una vez que empieces a leerla.
El mítico ajedrez de Carlomagno adquiere, una vez más, su protagonismo y por eso estamos convencidos que los que leyeron la novela anterior estarán deseosos de emprender la lectura de esta.
Alexandra Solaris recibe una invitación al cumpleaños de su madre, Cat Velis (que repartiera las piezas del juego en la otra novela) residente en Rusia. A su llegada Alexandra se percatará de que su madre no está donde decía.
Allí sí están una serie de personas que le instan a que prosiga la partida de ajedrez que comenzara 20 años antes. Algunos quieren jugarla y otros…

El círculo mágico [Katherine Neville]



Bajo este titulo se esconde una historia trepidante por momentos, aunque lenta y complicada en otros, en busca de trece objetos de poder que aseguran, a quien los posea, el dominio sobre el mundo y que según cuentan, Hitler estuvo a punto de reunir.
Una historia de intrigas familiares donde la protagonista irá descubriendo poco a poco, y gracias a la herencia de unos manuscritos que todos ansían poseer, el importante papel que tanto ella como su familia desempeñan en todo tipo de acontecimientos políticos recientes y la oscuridad medieval desde donde arranca este ansia de poder (tanto político como religioso) en la organización de los Templarios y todos sus ritos iniciáticos.
Viajes, herencias, monasterios perdidos, viajes al otro lado del mundo en la época de Cristo y conspiraciones tanto en la antigüedad como en la actualidad dan al libro el halo mágico al que el titulo ya se refiere. 


Diamante Negro [Andrea Kane]



Ella era una joven alegre pero todo cambió cuando fue utilizada en un siniestro plan.... 
La vida de Courtney Johnston, la alegre y vivaz hija de un capitán de barco, cambia de forma brutal cuando su barco es asaltado por piratas y su padre es obligado a saltar por la borda y ella se convierte en una cautiva que es usada como pieza de intercambio en un siniestro complot con el que el siniestro hombre que la ha hecho prisionera busca obtener la posesión de una joya mítica, un fabuloso diamante negro que está en posesión de la familia Huntley y que es para ellos tanto un legado como una maldición.
Él esperaba recuperar a su hermana pero la joya maldita trajo a Courtney a su vida... 
Slayde Huntley, conde de Pembourne, hara lo que sea necesario para rescatar a Aurora, su hermana perdida, incluso entregar la gema sin precio que ha sido el tesoro de su familia y su maldición durante generaciones. Conducido con engaños al barco pirata y creyendo que la belleza de cabello dorado que le ha sido ofrecida a cambio de la piedra es su hermana, pero no lo es... ella será su destino.
Con la pequeña esperanza de que su padre esté aún con vida, Courtney intenta ayudar a Slayde a recuperar el diamante y juntos ponen en marcha un plan para descubrir a su enemigo pero... el diamante negro, que ha juntado las vidas de Courtney y Slayde, oculta en su interior un misterio y una maldad que parece conducirles hacia sus oscuras profundidades. Y ellos pronto se daran cuenta de que arriesgan algo más que sus vidas, que pueden perder el tesoro más valioso de todos... la posibilidad de tener un futuro juntos...






Aurora Huntley cree haber encontrado la forma de evitar el matrimonio forzoso al que la quiere condenar su hermano Slade, conde de Huntley. En una taberna, un extraño accede a montar una escena que arruine su reputación. Pero todo se escapa de control cuando ella descubre que el extraño es Julian Bencroft, duque de Morland, miembro de una familia en eterna disputa con los Huntley. El origen del conflicto se remonta a la propiedad del Diamante Negro, una joya legendaria ahora perdida cuya maldición pesa desde hace generaciones sobre los Huntley.Aurora y Julian tienen en sus manos la posibilidad de recuperar la joya, poner fin a una larga guerra... y descubrir una pasión que vale más que cualquier tesoro-

El Corazón [Caroline Bennet]



En la guerra fratricida que enfrenta a la casa de York con los Lancaster, el nombre de “el Dragón” ha pasado a ser sinónimo de crueldad. Temido y despreciado por igual, Enrique VII lo considera uno de sus más fieles servidores. Después de años combatiendo ardientemente por su causa, la paz parece afirmarse en el reino y llega el momento de premiar la fidelidad del fiero y hermético guerrero con una recompensa ansiada por muchos: la mano de Lady Norfolk.
Adrián Wentworth es un hombre hecho a sí mismo: hijo de campesinos, ha conseguido granjearse la simpatía del rey Enrique blandiendo la espada por su causa. Pero, tras una vida en el campo de batalla, Adrián comienza a ansiar la retirada, un hogar y unas tierras en las que envejecer. Un sueño al alcance de su mano, si decide aceptar la oferta de Enrique. La única pega parece estribar en la propia dama: Adrián siempre se ha visto despreciado por los de su clase. ¿Podrá, entonces, desposar a una mujer que lo odiará hasta el fin de sus días? ¿Está su linaje destinado a enfrentarlos? Sin embargo, aquellos ojos azules no parecen hablar de odio. Contraviniendo todo sentido común, la dama parece decidida a desafiarle a cada paso y mostrar una tenacidad que enfriará el corazón del Dragón.
Lady Margaret Norfolk es una mujer acostumbrada a llevar las riendas de su vida; por eso, cuando tiene que defenderse de los avances de un pretendiente demasiado ansioso por conseguir su mano, no duda en pedir audiencia al mismísimo rey y pactar con él. Ahora, por decreto real está obligada a contraer matrimonio con el irascible Dragón. Pero la práctica muchacha no piensa dejarse amilanar por el imponente guerrero; es más, está dispuesta a hacerle frente siempre que le sea posible. ¿Qué esconde el feroz guerrero que tanto la conmueve?






La condesa Darkmoon ha dejado atrás su niñez en Norfolk para convertirse en una de las herederas más deseables de la corte de Enrique VII, aun cuando sus reiteradas negativas a aceptar un esposo le han valido el sobrenombre de Lady No.
Pero cuando los lazos de fidelidad que la unen a Adrián Wentworth, su mentor y protector, la obligan a desposarse con Hugh De Claire, no tendrá más remedio que aceptar esta unión e intentar salvar de la horca al hombre del que estuvo enamorada en su niñez. El reencuentro con el ex-mercenario despierta en su corazón viejos anhelos que no está dispuesta a revivir.
Acusado falsamente de asesinato, Hugh De Claire aguarda su muerte en una oscura mazmorra de la ciudad de Ámsterdam. Cuando todas sus esperanzas de redención se han desvanecido recibe un trato que no podrá rehusar aunque ello implique desposarse con Anne, aquella molesta niña a la que él solía llamar “mocosa".

Artemis Fowl [Eoin Colfer]



1.- Atemis Fowl
¿Quién es Artemis Fowl? De momento sabed que no es un niño cualquiera y que, aunque sólo tiene 12 años, está a punto de arrebatar el poder al mundo subterráneo. Lo que él todavía no sabe es que sus habitantes: hadas, duendes, elfos..., no son las criaturas maravillosas que siempre hemos imaginado y no van a consentir que un humano conozca sus secretos más sagrados. Como él, van armados hasta las barbas y conocen las últimas tecnologías: se prepara un trepidante duelo que puede provocar una auténtica guerra entre las especies del planeta.






2.- Artemis Fowl: encuentro en el ártico
¿Alguien ha podido olvidar a Artemis, aquel niño que puso en jaque la estabilidad de las especies chantajeando a las criaturas mágicas? 
En esta segunda parte descubrimos que Artemis tenía razón: su padre está vivo, secuestrado en algún lugar del Ártico. Por otro lado, el mundo subterráneo, con el comandante Remo y la capitana Canija a la cabeza, no está viviendo lo que se dice su mejor momento: los goblins -las más estupidas de las criaturas mágicas- parecen estar en contacto con algún humano negociando con armas prohibidas. El comandante Remo necesita saber quién es el humano que trafica con ellos y Fowl necesita ayuda para rescatar a su padre. ¿Seran capaces de entederse?





3.- Artemis Fowl: el cubo B
Espero humano, que con sólo oír mi nombre un escalofrío recorra tu cuerpo. Si no, pregúntales a las Criaturas Mágicas o a las que viven en el Ártico quién soy; seguramente formo parte de sus pesadillas más temidas, y eso a mí me gusta. Sepas que yo pienso, y Mayordomo actúa. Fui el primer humano que se enfrentó a los seres subterráneos y conseguí lo que quería: oro y algún secreto más. Ahora todo parace volver a la normalidad: he rescatado a mi padre y mi madre está empeñada en que seamos una familia normal. Me queda poco tiempo para mi última maniobra.. No sé si ni siquiera te mereces saber cuál es, pero, bueno, hoy me siento especialmente generoso, así que te adelanto que voy a chantajear a un magnate de la tecnología de la comunicación con un invento -mío, evidentemente-: el cubo B. Y, ahora, ¿a qué esperas para empezar a leer?





4.- Artemis Fowl: la venganza de Opal
Opal Koboi, el duende que lideró la rebelión de los goblins contra el mundo subterráneo en el volumen II de la serie, despierta de su coma con un único objetivo: vengarse de quien le capturó, Artemis y el mundo subterráneo. Artemis, por su parte, después del barrido de memoria, no recuerda quién es y sobre todo su relación con el mundo subterráneo aunque, eso sí, sigue con sus actividades delictivas: esta vez quiere robar un cuadro de incalculable valor, que pocos conocen, y que se esconde en un lugar secreto. De conseguirlo, se convertiría en el ladrón de cuadros más joven de la historia. Mientras, su madre le insiste una y otra vez de su necesidad de ser un adolescente normal.





5.- Artemis Fowl: la cuenta hacia atrás
Artemis y Mayordomo están en el Paseo de Gracia esperando a alguien que no llega a la hora prevista. De repente, de la nada, surge un demonio que se lleva a Artemis y lo traslada a la Barcelona de Gaudí, justo en el momento en que el arquitecto está contruyendo la casa Milà. Como en el momento de la aparición, Mayordomo estaba tocando a Artemis y llevaba, además, un brazalete de metal que le regaló su hermana, consigue que Artemis vuelva al presente. Pero Artemis, al regresar de su viaje por el tiempo, nota un curioso cambio en su cuerpo: el dedo índice de su mano izquierda le ha crecido.
Mientras Holly, apartada de los REP por acusarle de la muerte del comandante Root, trabaja con el enano Mandíbulas intentando atrapar ladrones de baja estopa. Sin embargo, todo cambia cuando la va a buscar una antigua instructora suya, Vinyáya, le llama y le explica que tiene una misión: Foaly, el centauro, ella y otro equipo, forman la sección ocho que se dedica a buscar demonios y ella debe colaborar. Según parece, Artemis ha interceptado a un demonio hace muy poco, por lo que Holly tiene que volver a contactar con él para saber cómo logró interceptarlo y, sobre todo, para prever la llegada del próximo (se calcula que llegará a la tierra en seis semanas).





6.- Artemis Fowl: su peor enemigo
Han pasado tres años desde las últimas aventuras de Artemis y, ahora, es un chico normal. Hechas las paces con el mundo mágico y convertido en una persona respetable, solo hay algo que le preocupa: la salud de su madre que se deteriora por momentos. Según el médico, padece una rarísima enfermedad incurable y le quedan pocos días de vida. Pero Artemis guarda un as en la manga: conserva magia del mundo elemental y está convencido de que puede curar a su madre. Al no ser así, no le quedará otro remedio que pedir ayuda al mundo mágico que le asegura que el antídoto de la enfermedad de su madre está en el cerebro de un animal que el propio Artemis mató ocho años atrás. A Artemis solo le queda una posibilidad: volver ocho años atrás y recuperar el cerebro de ese animal…